El IMC es un mal indicador de salud para quienes entrenan
El índice de masa corporal —el peso dividido entre la altura al cuadrado— se desarrolló en el siglo XIX como una herramienta estadística para describir poblaciones, no como un diagnóstico médico para una persona en concreto. La fórmula no puede saber de qué está hecho tu peso: un kilo de músculo y un kilo de grasa pesan lo mismo, pero afectan a la salud y al aspecto físico de forma completamente distinta.
Eso crea una paradoja evidente para quienes entrenan: un atleta con poca grasa corporal pero mucha masa muscular acaba a menudo en la categoría de «sobrepeso» o incluso «obesidad» según el IMC, simplemente porque el tejido muscular es más denso que la grasa a igual volumen corporal.
Métricas más informativas para alguien que entrena son el porcentaje de grasa corporal (medido directamente o mediante seguimiento de perímetros), la relación cintura-altura y, sencillamente, hacer un seguimiento de la composición corporal a lo largo del tiempo. El IMC sigue siendo útil como estadística poblacional, pero como referencia personal para alguien que entrena de forma regular, a menudo resulta engañoso.