Por qué el estrés crónico perjudica el crecimiento muscular más de lo que crees
Al cortisol se le etiqueta como «la hormona del estrés» y se le demoniza, pero en cantidades normales es esencial: ayuda a movilizar energía antes de entrenar, regula la inflamación y marca los ritmos diarios del cuerpo. El problema empieza cuando se mantiene elevado de forma crónica, ya sea por dormir mal, por estrés psicológico continuado o por un volumen de entrenamiento excesivo sin suficiente recuperación.
Con el cortisol crónicamente alto, tu metabolismo se inclina hacia el catabolismo: la proteína muscular se descompone más rápido en aminoácidos para obtener energía, la sensibilidad a la insulina baja (lo que dificulta que los nutrientes lleguen al músculo) y la producción de testosterona cae. Desde fuera, esto puede parecer un estancamiento a pesar de que el entrenamiento y la alimentación parezcan correctos.
El propio entrenamiento es una forma de estrés, y eso está bien en dosis razonables. Pero cuando el estrés del entrenamiento se suma a una falta crónica de sueño y a una fuerte presión psicológica, la carga total sobre tu organismo puede superar tu capacidad de recuperación, y ahí es cuando «entrenar más» empieza a jugar en tu contra.