Fisiología

No todo el estrés perjudica la recuperación: hay uno «bueno» y uno «malo»

El estrés de un entrenamiento duro y el de una entrega de trabajo actúan de forma distinta

La fisiología distingue entre el eustrés —el estrés que el cuerpo percibe como un desafío manejable y ante el que responde fortaleciéndose de forma adaptativa— y el distrés, un estrés percibido como una amenaza que supera tus recursos de afrontamiento, y que desgasta al cuerpo sin ninguna contrapartida. Un entrenamiento duro pero planificado es un ejemplo de manual de eustrés: el cuerpo asume una carga controlada, seguida de recuperación y supercompensación.

El estrés psicológico crónico —por la presión constante del trabajo o la ansiedad económica, por ejemplo— suele entrar en la categoría de distrés y genera un contexto hormonal (cortisol elevado de forma persistente) que interfiere de forma activa con la recuperación del entrenamiento físico, incluso aunque el entrenamiento en sí estuviera bien planificado. El problema es que, desde la perspectiva del sistema hormonal, ambos tipos de estrés comparten en parte los mismos recursos; el cuerpo no siempre «separa» sus fuentes a la hora de calcular la carga total.

En la práctica: en periodos de mucho estrés psicológico fuera del gimnasio, es razonable reducir temporalmente el volumen o la intensidad del entrenamiento, no eliminando la actividad por completo (el propio movimiento ligero reduce el distrés), sino con una carga de entrenamiento más suave hasta que la fuente de estrés crónico esté bajo control.