Fisiología

La insulina no es el enemigo: qué hace realmente durante el entrenamiento

La hormona que tanto temen quienes hacen dieta es en realidad esencial para el crecimiento muscular

En la cultura popular de las dietas, la insulina suele presentarse como la gran villana de la pérdida de grasa, supuestamente lo que «obliga» al cuerpo a almacenar grasa, así que habría que evitar activarla a toda costa. La fisiología real es más matizada: la insulina es una hormona que ayuda a las células a absorber glucosa y aminoácidos de la sangre, y sin ella, el crecimiento muscular y la recuperación normales tras el entrenamiento sencillamente no pueden ocurrir.

Después de un entrenamiento de fuerza, la sensibilidad a la insulina de las células musculares aumenta temporalmente, parte de un mecanismo que ayuda a llevar los nutrientes de forma más eficiente precisamente a los músculos que acabas de trabajar, en lugar de a cualquier otro sitio. El problema real con la insulina no es su presencia, sino un nivel crónicamente elevado impulsado por un superávit calórico y un estilo de vida sedentario; eso es lo que se asocia con la acumulación de grasa y la pérdida de sensibilidad a la insulina con el tiempo, no los picos habituales que siguen a una comida normal.

En resumen: alguien que entrena y come una cantidad adecuada de calorías no necesita temer a los carbohidratos ni al pico de insulina que los acompaña; forma parte del proceso normal de recuperación, no un sabotaje contra tu físico.