Por qué el espejo del gimnasio te miente sobre tu progreso
Juzgar el progreso por tu reflejo diario es un hábito habitual pero poco fiable. El aspecto de los músculos en un momento dado depende de un montón de factores que cambian día a día y no tienen nada que ver con el progreso real a largo plazo: el nivel de hidratación, cuántos carbohidratos comiste el día anterior (lo que afecta a la retención de agua y a lo lleno que se ve el músculo con glucógeno), la hora del día, la luz de la sala e incluso la postura en la que te colocas.
Estas fluctuaciones crean una situación en la que la misma persona, con exactamente la misma composición corporal real, puede verse notablemente distinta en el espejo en días diferentes, no porque haya cambiado nada físicamente, sino por factores a corto plazo que afectan a cómo se ve visualmente el tamaño y la definición muscular. Esto resulta especialmente confuso al principio, cuando los cambios corporales reales todavía son mínimos pero las fluctuaciones por agua y glucógeno ya son visibles.
Formas más fiables de hacer seguimiento del progreso real: fotos regulares en condiciones constantes (luz, postura, hora del día) cada 2-4 semanas, seguimiento de perímetros corporales con cinta métrica y, por supuesto, los números objetivos del gimnasio: los pesos de trabajo y las repeticiones, que no están sujetos al ruido aleatorio del día a día.