«La mejor hora para entrenar» es un mito: no hay una hora universal
Los debates sobre entrenar por la mañana frente a por la tarde suelen defender ambas posturas: entrenar por la mañana supuestamente arranca el metabolismo para todo el día, mientras que entrenar por la tarde aprovecha el pico de fuerza y de temperatura corporal que la mayoría de la gente alcanza en la segunda mitad del día. Los estudios que comparan el rendimiento en fuerza a distintas horas del día sí encuentran una pequeña ventaja media a favor de las sesiones vespertinas en las medidas de fuerza máxima: la temperatura corporal y los niveles hormonales suelen alinearse algo mejor por la tarde.
Pero eso es una media de grupo, no una regla universal para cada persona: existe un cronotipo individual, una tendencia parcialmente determinada por la genética hacia la actividad en ciertos momentos del día, y las personas genuinamente «madrugadoras» pueden rendir mejor por la mañana, a pesar de que la tendencia general favorezca las tardes.
Un factor más importante que una «mejor» hora abstracta es la constancia y el encaje con tu vida real: entrenar en un horario cómodo y repetible al que puedas realmente mantenerte semana tras semana casi siempre gana a una hora teóricamente «óptima» que hay que forzar continuamente y que acaba saltándose.