El «entrenamiento funcional» no es automáticamente mejor que los ejercicios clásicos
El «entrenamiento funcional» —ejercicios que imitan movimientos cotidianos o específicos de un deporte, a menudo sobre superficies inestables o con material poco convencional— se comercializa como una alternativa más «real» a los ejercicios de fuerza clásicos como la sentadilla con barra o el press de banca. La lógica es que estos ejercicios se trasladan mejor a la vida real y al deporte.
El problema es que «funcional» es un término vago: desde el punto de vista científico, cualquier ejercicio que mejore una cualidad concreta (fuerza, coordinación, estabilidad) es funcional para ese propósito. Los estudios que comparan el entrenamiento sobre superficies inestables con los ejercicios clásicos sobre suelo estable suelen encontrar que las versiones clásicas producen mayores ganancias de fuerza y potencia con el mismo esfuerzo, porque una base estable permite usar más peso y cargar el músculo objetivo de forma más completa en lugar de gastar esfuerzo solo en mantener el equilibrio.
Eso no significa que el trabajo de equilibrio y las superficies inestables sean inútiles: tienen sentido para objetivos concretos, como la rehabilitación de lesiones o la preparación específica de un deporte donde el equilibrio es realmente crítico. Pero como sustituto de los ejercicios básicos de fuerza para la mayoría de los objetivos —ganar fuerza y tamaño—, suelen ser menos eficaces que sus equivalentes clásicos «no funcionales».