Cuánto sudas no mide lo eficaz que fue tu entrenamiento
Sudar mucho se interpreta de forma intuitiva como señal de un entrenamiento «de verdad» y eficaz, y una camiseta seca al terminar como señal de que no entrenaste lo suficientemente duro. En realidad, sudar es principalmente un mecanismo de termorregulación, una respuesta al aumento de la temperatura corporal, no un indicador directo de las calorías quemadas ni de la calidad del estímulo que acaban de recibir tus músculos.
Cuánto suda alguien varía mucho entre personas por razones que no tienen nada que ver con la eficacia del entrenamiento: el nivel de forma física (las personas entrenadas suelen empezar a sudar antes y más abundantemente porque su termorregulación es más eficiente), la temperatura y la humedad de la sala, diferencias genéticas en la densidad de glándulas sudoríparas, e incluso el nivel de hidratación que tenga alguien en ese momento.
Un entrenamiento de fuerza con descanso adecuado entre series en un gimnasio fresco puede generar muy poco sudor y seguir siendo excelente para el estímulo muscular. Es mejor hacer seguimiento de marcadores objetivos de progreso —pesos de trabajo, repeticiones, técnica— que de cuántas camisetas has gastado tras entrenar.