Dormir más el fin de semana no compensa una semana de poco sueño
«Duermo menos entre semana y lo recupero el fin de semana» suena a contabilidad sencilla: pierdes unas horas, las recuperas después, cuentas saldadas. Pero la investigación sobre la falta crónica de sueño muestra que no funciona de forma tan limpia como esas matemáticas de entra-y-sale.
Aunque el total de sueño semanal se equilibre gracias a dormir hasta tarde el sábado y el domingo, lo que se resiente por la falta de sueño entre semana —la atención, la sensibilidad a la insulina, el equilibrio hormonal del apetito— no se recupera del todo ni de forma inmediata. Algunos estudios encuentran que dos días de sueño extra el fin de semana sí mejoran ciertos marcadores, pero no los devuelven al nivel de referencia de alguien que ha dormido lo suficiente toda la semana.
Además, un cambio brusco en el horario de sueño los fines de semana (acostarse y levantarse mucho más tarde de lo habitual) genera un efecto parecido al jet lag: el cuerpo tiene que resincronizar su ritmo circadiano el lunes, lo que arrastra aún más la productividad al principio de la semana. Una estrategia más duradera es apuntar a una cantidad de sueño estable y adecuada cada noche en lugar de confiar en un arreglo de fin de semana.